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La
Avenida de Mayo
Por
sus aceras han transitado diversos personajes como Federico
García Lorca, Carlos Gardel, Nijinsky, Le Corbusier,
Jorge Luis Borges, José Ortega y Gasset, Giaccomo
Puccini, la Infanta Isabel de España, George Clemenceau,
Albert Einstein, Arthur Rubenstein, Josephine Baker, Claudio
Sánchez Albornoz y otras figuras del arte, la cultura
y la política.
La Avenida de Mayo, con sus imponentes fachadas que muestran
el esplendor cultural y económico de una Argentina
muy distinta de la actual, evidencia las heridas del proceso
de transformaciones del país con su apogeo y degradación.
La que otrora fue el primer boulevard de la ciudad de Buenos
Aires con los frentes más imponentes y representativos,
es hoy una imagen salpicada de antiguos y nuevos edificios
sin ninguna relación ni respeto por el patrimonio
arquitectónico. Conventillos, baldíos y locales
de "mercachifles" son heridas abiertas en el rostro
de la ciudad que serán muy difíciles de corregir,
pese a los esfuerzos realizados en los últimos años
por el P.R.A.M. (Programa de Revitalización de la
Avenida de Mayo), producto del Tratado General de Cooperación
y Amistad entre los gobiernos de España y Argentina.
Participaron en este proyecto el gobierno de la ciudad de
Buenos Aires, la A.E.C.I. (Agencia Española de Cooperación
Internacional) y la Comisión Nacional del Quinto
Centenario de España y el trabajo realizado ha sido
de carácter significativo en la recuperación
de la memoria histórica de la ciudad y su patrimonio.
De cualquier manera, aún queda mucho por hacer y
es de esperar que las tareas sigan adelante en el rumbo
marcado por el P.R.A.M.
Como se dijo, la Avenida de Mayo fue el primer boulevard
de la ciudad de Buenos Aires y nació como consecuencia
del espíritu progresista que existía en la
Argentina de finales del siglo pasado. Hasta mediados del
siglo XIX, Buenos Aires no pasaba de ser una gran aldea
que había recibido algunas alteraciones puntuales
producto de situaciones políticas especiales: la
creación del virreinato del Río de la Plata
(1776) y la presidencia de Bernardino Rivadavia (1826 -
1827). Hacia la segunda mitad del siglo, presidentes como
Domingo Faustino Sarmiento marcaron una intención
clara de dar una nueva imagen a la ciudad que se iba perfilando
como la capital de una pujante y gran nación. Sin
duda, había quedado impresionado de los magníficos
trabajos de reformas urbanísticos que desarrollaba
París entre 1852 y 1870 bajo la supervisión
del Barón de Hausmann y empezó a considerar
como modelos a los Campos Elíseos de París,
el Bois de Boulogne y el Paseo del Prado de Madrid. Tocó
en suerte al primer intendente de la ciudad, don Torcuato
de Alvear (1822 - 1890), revivir las teorías urbanística
del Barón y hacia 1880 se inició la apertura
de una avenida que unían la tradicional Plaza de
Mayo con la Plaza de los Dos Congresos, con anchas veredas
bordeadas de plátanos, con mesas de café que
invitaban a la pausa y edificios monumentales exquisitamente
trabajados. Sin duda, una avenida como muchas lecturas:
una ciudad con vocación de grandeza, la expresión
de una Argentina pujante y la conexión entre dos
de los poderes de una gran República: el Ejecutivo
y el Legislativo.
Poco más de diez años fueron necesarios para
que las diez cuadras involucradas en el proyecto se cubrieran
de lujosos hoteles, confiterías y cafés, donde
se congregaba la flor y nata de la intelectualidad "porteña".
Lo más llamativo es que el espacio asignado a las
mesas en el exterior de estos elegantes bares se ubicaba
sobre el borde de la vereda y con sus visitantes mirando
hacia los edificios y quedaba así un espacio entre
el bar y las mesas por donde desfilaban los transeúntes.
En ese ámbito no faltaron la redacciones de diarios
como La Prensa, El Diario, El Argentino, El País,
La Época y, más adelante en el tiempo, el
diario Crítica que marcó una época
y un estilo en el periodismo argentino.
Fue el 8 de Julio de 1894 el día que una procesión
de quinientas antorchas marcaron la apertura de "La
Avenida", como se la comenzó a denominar y de
allí en adelante miles de arquitectos, albañiles
y artesanos italianos, ingleses y franceses comenzaron a
perfilar lo que sería la primer gran fachada a nivel
urbano de la ciudad de Buenos Aires. Lo más interesante
es, tal como afirma Diego Bigongiari en su magnífica
Guía de Buenos Aires, que la Avenida de Mayo fue
"planeada por argentinos que copiaban a los franceses,
construida por italianos y habitada por españoles".
La Avenida de Mayo pasó a ser una especie de clon
de la Gran Vía madrileña y aún hoy
en día puede sentirse el aire hispano en lo que queda
de sus restaurantes y bares.
No estuvo libre de discordias, violencia y especulaciones
el inicio de las obras. Producto del ensanche que incluía
una distancia útil de 32 metros de ancho, se pensó
en la expropiación de los edificios que estaban en
la antigua y angosta traza colonial para ser reemplazados
por otros "de época" y que serían
vendidos para la financiación de semejante proyecto.
Llevó esto a una especulación inmobiliaria
sin parangón y que produjo situaciones escandalosas
reflejadas en los diarios de entonces. Es llamativo como,
en aquel ambiente político de liberalismo de "laissez
fasser", una Ordenanza del 21 de septiembre de 1885
disponía la forma de expropiación y las disposiciones
para la reglamentación de las alturas de las nuevas
construcciones, que no debían superar los 20 metros.
Por supuesto, como gran parte de las Ordenanzas de nuestro
país, quedaron en letra muerta...
Luego de la Avenida 9 de Julio, la
Avenida de Mayo conforma una identidad, que aún hoy
podemos percibir claramente, donde presencia de la cultura
española es muy fuerte en sus bares, hoteles, teatros
y antiguas redacciones de periódicos de la colectividad
hispana. Es en este tramo que, para quienes pertenecemos
a esta comunidad, recordamos las impresionantes batallas
"a mano limpia" que se planteaban entre los bandos
en pugna durante la luctuosa guerra fraticida de España
en 1936. No cabe duda que esa confrontación en tierras
españolas también había llegado a estos
confines. Por esta zona, Federico García Lorca se
paseó luego del estreno de su eterna obra, Bodas
de Sangre, y en esas cuadras, magníficos cantantes
y músicos de zarzuelas, pasodobles, cante andaluz,
muñeiras gallegas y jotas aragonesas, salían
del tradicional Teatro Avenida a continuar su espectáculo
ante la efervecida concurrencia de españoles y argentinos
en general.
Cruzando
la calle Santiago del Estero (o su continuación,
Talcahuano), a la altura del 1300, nos encontraremos con
una cuadra que sorprende en su contraste por la belleza
y preservación de sus antiguas torres y miserables
inserciones fuera de toda valoración estética
y urbanística. Prefiero pasar por alto estas últimas
y hacer mención a dos magníficos edificios
en la vereda norte: el ex Hotel Majestic y la ex sede del
diario Crítica.
El ex hotel Majestic es un edificio en cuya fachada podemos
apreciar una muestra de diversos estilos, fruto de las varias
intervenciones realizadas. El proyecto original correspondió
a los arquitectos Collivadino y Benedetti, quienes terminaron
su construcción hacia 1906. Podemos encontrar en
su frente elementos que nos remiten al academicismo, al
art-nouveau y al art-decó. Sin embargo lo más
destacado lo encontraremos en su interior, perfectamente
conservado a pesar de haber sido usado finalmente como sede
de la Caja de Pensiones y luego como sede de la Dirección
General Impositiva. Por suerte, este edificio ha sido liberado
de esta función y se encuentra en etapa de privatización
con la salvaguarda de respetar la integridad artística
de lo que fuera, en su momento, uno de los hoteles mas fantásticos
de Buenos Aires y por donde pasaron personajes como el bailarín
Vatzlav Nijinsky y el arquitecto Le Corbusier.
Pegado a este edificio, nos encontraremos con la ex sede
del diario Crítica, proyecto de los arquitectos húngaros
Gyorgy y András Kalnay, con ciertas líneas
de reminiscencias hacia el art-nouveau. Sin ninguna duda
el diario Crítica representó en todo sentido
un aporte revolucionario en el mundo del periodismo y la
información en la Argentina. Sus salones albergaron
todos los servicios y dependencias necesarias para el medio,
tal como las rotativas en planta baja, restaurante, gimnasio,
peluquería y su estación radiotelegráfica.
Contaba con un avanzado sistema de comunicaciones internas
por medio de tubos pneumáticos o cintas trasportadores
y ya tenía un avanzado sistema de instalaciones contra
incendios. Su creador y director fue Natalio Botana, quien
en 1930, con el lamentable golpe de estado realizado por
el general Uriburu contra el presidente constitucional Hipólito
Irigoyen, sufrió el exilio y la clausura de su periódico.
En sus páginas aparecieron con frecuencia las firmas
de escritores y periodistas como Roberto Arlt, Enrique González
Tuñón, Jorge Luis Borges, Ulyses Petit de
Murat y Florencio Escardó. Al momento de su clausura
llegó a tener una tirada de más de 600.000
ejemplares por día.
El
historiador José María Peña, director
del Museo de la Ciudad, ha dicho que la importancia de los
cafés es algo inseparable de la identidad de la ciudad
y, en especial, del carácter del habitante de Buenos
Aires.
"Los porteños somos muy introvertidos, aunque
parezca lo contrario, y el café es un lugar que uno
elige porque se siente cómodo. Cuando una persona
se hace habitúe suele tener un rincón en el
cual siempre acostumbra sentarse", ha destacado.
Actualmente
funciona una comisión de Protección y Promoción
de los Cafés, Bares, Billares y Confiterías
Notables de la ciudad de Buenos Aires, creada por la ley
35 de la Legislatura porteña en 1998, por iniciativa
del entonces legislador y presidente de la comisión
de Cultura, Roberto Arellano.
La
creación de la comisión fue una medida en
conjunto entre el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo
porteño, ante el cierre de lugares tradicionales
como El Molino y Las Violetas y ahora abarca a 38 cafés,
bares, billares y confiterías "notables"
de la ciudad.
Ana
María Suárez, coordinadora de la comisión,
dijo en su momento que "la distinción de 'notable',
se origina en el carácter o personalidad del café".
"Entendemos por 'notables' aquellos cafés que
se destacan por su arquitectura, por las personalidades
que los visitaron o por aquellos hechos importantes de la
historia, transcurridos en la geografía de una mesa
de café", detalló.
Para
el historiador José María Peña las
personalidades que iban a determinado café son sólo
un plus. A su entender, cuando se habla de preservar el
patrimonio histórico, la gente cree que son los edificios,
pero éstos sólo son contenedores de la vida
de la sociedad, entendida en el sentido más casero
del término."Un café no es notable sólo
porque por él pasaron personalidades –destaca-,
sino porque también concurrió gente común
que le dio personalidad".
Peña
distinguió entre cafés, bares y confiterías,
ya que en una época ofrecían distintos servicios,
aunque con el paso del tiempo perdieron su especificidad.
"El café era el lugar donde una persona se sentaba
para tomar esa infusión, a lo sumo también
un vermouth. En el bar se tomaban tragos y a las confiterías
solían concurrir familias y era muy común
comer masitas o comprar algún bocado para una fiesta",
recordó Peña.
Con
el paso del tiempo, todo se ha mezclado, y ahora en el café
se puede tomar tragos y en el bar se puede tomar café.
Pero las metamorfosis de los cafés porteños
no terminan acá porque algunos han quedado desdibujados,
luego de cambiar sucesivamente de rubro gastronómico.
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